Esta entrada va a ser algo diferente a las demás, será algo así como una crónica, nacida de una cosa que me dijo mi prometido el pasado Sábado.
Verán, estábamos mi prometido y yo esperando una guagua para ir a casa de unos amigos en el Cotorro, y hablábamos de todo un poco, y entre los temas salió a colación la novela brasileña:
–¿Tú sabes qué es lo que más me gusta a mí de la novela?– me dijo él.
–No, mi amor, dime.
–La parte de Evilasio y Julia (perdónenme si el nombre masculino no se escribe así).
–¿Sí, mi amor?– le dije sin imaginarme de veras de lo que se trataba- ¿Por qué?
Y cuánta no sería mi sorpresa y emoción cuando me dijo:
–Porque me recuerda la relación de nosotros…
A ver, mi prometido es lo que vulgarmente llamamos “negro“, y yo soy mulata clara, paso a veces por trigueña. Y mi relación con él, quizás por ser la primera vez que me involucro con alguien de piel achocolatada, como prefiero yo decirle; o quizás por simplemente ser él achocolatado me ha traído algún que otro percance.
La primera en impresionarse fue muy abuela:
-¡¿OTRO NEGRO?!
Lo dijo así porque yo vengo siendo la última, dado que mi tía siempre ha tenido preferencia por el chocolate; mi padrastro, al que le digo papá porque me ha criado desde que tenía 7 años (tengo 21 casi); es también achocolatado y mi hermana algún que otro noviecito ha tenido con esas características. Soy yo la que debuta, jeje.
Y eso fue al menos entre nosotras, mi padrino –que es irónicamente mulato “de pelo malo” como decimos-, fue el que me hizo caer la cara de vergüenza el día que Rey (mi prometido) y yo conversábamos tranquilamente en el comedor de la casa, y él, mi padrino, gritó desde la puerta de la casa:
-Li, ¡¿y el negrito ese?!¡¡No me vayas a decir que es tu novio!!
Creo que es una de las mayores penas que he pasado en mi vida, lo único que me alivió fue que Rey se lo tomó con carácter deportivo.
Con el paso del tiempo, Rey se fue ganando a toda mi familia, ahora suya también, con su carácter afable y su carisma. Mi abuela luego me dijo que era jugando, que no importaba; mi padrino incluso se disculpó con Rey y le dijo que podía contar con él para lo que fuera necesario.
Aun así, en la calle la gente no disimula las miradas cuando nos ven juntos, tal vez porque me ven muy atractiva para él, no sé. Pero yo muy por el contrario voy con él muy orgullosa, porque es lo que le decimos “un negrito de salir”, y cuando viste elegante es todo un Alexander Pires, jajaja.
Muchas veces cuando oímos una anécdota de un mal suceso o tragedias protagonizadas por personas de piel oscura decimos: “¡Tenía que ser negro!” Pero sin embargo si es de cualquier otro color de piel no hace ninguna diferencia.
Es verdad que los de piel oscura tienen tendencia a ser un poco más agresivos y reincidentes en actos delictivos y cosas así, pero no podemos generalizar porque no todos somos iguales.
Mi punto con esto es: ¿Por qué sigue vigente el racismo, incluso por parte de personas con el mismo color de piel? ¿Por qué nos sentimos con el derecho de juzgar las personas por su color de piel; constitución física; orientación sexual, etc.? ¿Acaso ellos no sienten y piensan? ¿Qué nos diferencia de ellos que nos hace superiores?
Realmente no encuentro respuesta a estas interrogantes.
Los invito a que opinen acerca de este tema tan controversial y me digan si tengo o no razón.










Bueno, amiga, eso es algo normal, las sociedades demoran en cambiar, la Revolución se empeña en acabar con el racismo, pero eso es algo lento, máxime cuando por desgracia los propios marginados se automarginan y es común ver como los propios achocolatados se discriminan entre ellos, más de 400 años de racismo no se arrancan de la conciencia social en un día, eso es algo que poco a poco debe ir cambiando, cada generación deberá ser un peldaño menos racista que su antecesora, esa es la fórmula, por el camino serán muchos los mártires, esa es la ruta, dura pero difícil, dolorosa, pero necesaria.
Muchas gracias por tu opinión. Es muy verdadero lo que dices, será un laaargo proceso.